La IA pide tanta electricidad que ya nadie sabe cuánta de esa demanda es real

Demanda eléctrica de centros de datos: el problema fantasma

Hay una cifra circulando por Texas que debería hacer sospechar incluso antes de abrir una hoja de cálculo.

Los grandes consumidores han solicitado conectar más de 474 gigavatios de nueva demanda eléctrica a la red del estado.

Para ponerlo en contexto, el récord histórico de consumo de todo el sistema eléctrico texano está alrededor de 91 GW.

Es decir: sobre el papel, la cola de nuevos grandes consumidores pide más de cinco veces la electricidad que Texas ha necesitado jamás simultáneamente.

Aproximadamente el 90% de esas solicitudes procede de centros de datos.

La conclusión fácil sería que la inteligencia artificial está a punto de devorar la red eléctrica.

La conclusión más interesante es otra:

una parte de esa demanda probablemente no existe.

No porque la IA no necesite cantidades extraordinarias de electricidad. Las necesita.

El problema es que el sistema está empezando a descubrir una diferencia fundamental entre cuatro cosas que durante el boom se han mezclado con demasiada facilidad:

un proyecto anunciado, una solicitud de conexión, una demanda eléctricamente comprometida y un centro de datos realmente construido.

No son lo mismo.

Y confundirlas puede costar miles de millones.

474 GW que Texas no se cree

Texas se ha convertido en uno de los grandes laboratorios mundiales de la infraestructura de inteligencia artificial.

Electricidad relativamente abundante, disponibilidad de suelo, ecosistema tecnológico, regulación favorable y la presencia de algunos de los mayores proyectos de centros de datos del mundo han provocado una avalancha de solicitudes de conexión.

En junio, ERCOT —el operador de la red eléctrica texana— ya estaba siguiendo más de 438 GW de solicitudes de grandes cargas.

En agosto, la cifra había superado 474 GW.

Comparación entre más de 474 GW de solicitudes de grandes cargas en Texas y el récord de demanda de ERCOT de unos 91 GW.

El gobernador Greg Abbott tomó entonces una decisión poco habitual: ningún centro de datos podría continuar avanzando por el proceso de conexión sin pasar antes por una auditoría.

Los promotores deben aportar información sobre propiedad y control del proyecto, financiación pública recibida o esperada, necesidades de electricidad y agua, generación propia y medidas destinadas a reducir el impacto sobre las comunidades.

No es exactamente el tipo de documentación que se exige cuando alguien cree que cada proyecto de la cola va a construirse.

Es lo que se exige cuando el planificador empieza a preguntarse cuáles existen de verdad.

Bienvenidos a la demanda fantasma

La industria utiliza expresiones como ghost demand, phantom load o demanda fantasma para describir el problema.

El mecanismo es sencillo.

Imaginemos una empresa que quiere construir un centro de datos de 1 GW.

Todavía no sabe si hacerlo en Texas, Ohio o Pensilvania. Necesita conocer disponibilidad eléctrica, precio, tiempos de conexión, permisos e incentivos antes de comprometer miles de millones.

¿Qué hace?

Pregunta en varios sitios.

Desde el punto de vista de la empresa es perfectamente racional.

Desde el punto de vista del sistema eléctrico aparece un problema bastante desagradable.

Tres utilities pueden terminar incorporando a sus procesos de planificación una posible demanda de 1 GW cuando en realidad solo existe un centro de datos.

Y ni siquiera sabemos todavía si ese centro llegará a construirse.

Multipliquemos el mecanismo por cientos de proyectos, intermediarios, hyperscalers, promotores inmobiliarios y desarrolladores intentando reservar capacidad en los lugares más atractivos.

La cola crece mucho más rápido que la demanda real.

El problema no es que los centros de datos sean falsos

Aquí conviene evitar el movimiento pendular habitual.

Descubrir demanda fantasma no significa descubrir que el boom de IA sea falso.

Los dos fenómenos pueden coexistir.

La Agencia Internacional de la Energía estima que los centros de datos consumieron alrededor de 415 TWh de electricidad mundial en 2024 y contempla aproximadamente 945 TWh en 2030 en su escenario central.

La demanda real está creciendo con enorme rapidez.

Las grandes tecnológicas continúan invirtiendo cantidades extraordinarias en infraestructura.

Los fabricantes de transformadores, sistemas eléctricos y refrigeración mantienen carteras de pedidos muy elevadas.

Y cada generación de aceleradores de IA permite concentrar cantidades mayores de potencia informática.

Nada de eso desaparece porque una solicitud de conexión sea especulativa.

Lo que cambia es nuestra capacidad para utilizar las colas eléctricas como medida del crecimiento.

La cola no es la demanda.

Es una colección de posibilidades con probabilidades de ejecución radicalmente diferentes.

Una forma bastante barata de descubrir qué proyectos son reales

Existe una característica especialmente útil de la demanda fantasma:

cuando obligas a los promotores a arriesgar dinero, parte de ella desaparece.

Exelon endureció sus criterios para considerar proyectos de centros de datos como altamente probables. Después de introducir mayores exigencias financieras y de madurez, su estimación se redujo aproximadamente un 40%, hasta unos 11 GW.

AEP Ohio observó algo todavía más revelador.

Cuando se introdujo una tarifa de 100.000 dólares para estudiar determinadas solicitudes de grandes cargas, la demanda presentada cayó más de la mitad.

La electricidad no se volvió menos necesaria de repente.

La IA tampoco perdió la mitad de sus usuarios durante la noche.

Cambió el precio de reservar opcionalidad.

Eso proporciona una lección bastante útil para interpretar el boom:

una previsión adquiere mucha más información cuando alguien tiene que pagar por equivocarse.

Una solicitud gratuita o barata dice:

“Quizá quiera 500 MW aquí”.

Un depósito significativo, terreno asegurado, financiación, cliente contratado y calendario de construcción dicen algo bastante diferente.

El mercado necesita un nuevo vocabulario para hablar de centros de datos

Buena parte de la confusión procede de tratar todos los gigavatios anunciados como si fueran intercambiables.

No lo son.

Una forma más útil de ordenar el sector sería separar al menos cinco niveles.

1. Capacidad anunciada

Un promotor comunica que estudia o pretende desarrollar un campus.

Es una intención.

Puede tener terreno. Puede tener un cliente. Puede tener financiación.

O puede tener una presentación muy bonita.

2. Solicitud de conexión

El proyecto entra en el proceso para conocer si la red puede suministrarle electricidad.

Esto mejora algo la calidad de la señal, pero sigue sin garantizar construcción.

Una misma iniciativa puede explorar varias localizaciones.

3. Proyecto cualificado

Existe control sobre el terreno, garantías financieras, estudios técnicos, permisos relevantes y evidencia de que el promotor puede ejecutar.

Aquí la probabilidad empieza a cambiar considerablemente.

4. Potencia contratada o comprometida

Existe un acuerdo suficientemente firme con utility, generador o proveedor de infraestructura.

El proyecto empieza a tener coste real de abandono.

5. Capacidad energizada

Los servidores están conectados.

Los megavatios dejan de ser una presentación de PowerPoint y empiezan a aparecer en el contador.

Para analizar el sector, esta última distinción es fundamental.

Dos compañías pueden anunciar cada una 5 GW.

Una puede tener energía contratada, terreno, financiación y clientes.

La otra puede tener cinco solicitudes de conexión en cinco estados para decidir posteriormente dónde construir 1 GW.

Contarlas igual produce un análisis espectacularmente preciso sobre una realidad que no existe.

El error puede terminar pagándolo alguien que nunca compró una GPU

¿Por qué debería importarle todo esto a alguien que no invierte en centros de datos?

Porque las redes eléctricas se construyen décadas antes de conocer exactamente quién utilizará cada activo.

Una nueva línea de transmisión, una subestación o determinada infraestructura de generación puede permanecer operativa durante 30, 40 o 50 años.

Los centros de datos funcionan con otro reloj.

Los chips cambian en años.

Las arquitecturas informáticas cambian.

La eficiencia cambia.

Los modelos de IA cambian.

Las localizaciones preferidas pueden cambiar.

Y las empresas pueden cancelar proyectos.

Si una utility interpreta como demanda firme una enorme cantidad de solicitudes que después desaparecen, puede construir infraestructura sobredimensionada.

Alguien tiene que pagarla.

En sistemas regulados, existe el riesgo de que parte de ese coste termine distribuido entre consumidores.

Por eso la discusión sobre centros de datos ha dejado de ser únicamente una cuestión tecnológica.

Se está convirtiendo en una discusión sobre quién soporta el riesgo de equivocarse con la demanda.

Texas ya ha ordenado que los centros de datos paguen la infraestructura eléctrica necesaria para servirles en lugar de trasladar automáticamente esos costes a hogares y pequeñas empresas.

Ese principio puede terminar siendo bastante más importante que cualquier previsión concreta sobre consumo.

El cuello de botella puede ser real y estar exagerado al mismo tiempo

Parece una contradicción, pero no lo es.

Podemos tener simultáneamente:

  • enorme crecimiento real de la demanda eléctrica;
  • redes saturadas en determinadas regiones;
  • escasez real de transformadores y capacidad de conexión;
  • proyectos de IA económicamente viables esperando años;
  • y una cola inflada por proyectos duplicados o especulativos.

De hecho, la demanda fantasma puede empeorar el cuello de botella real.

Cada solicitud necesita estudios.

Cada escenario consume recursos de ingeniería.

Las utilities deben evaluar transmisión, estabilidad, generación y capacidad local.

Si cientos de proyectos improbables ocupan el mismo proceso que los proyectos financiados, la especulación puede ralentizar precisamente la infraestructura que sí debería construirse.

No estamos ante “demanda real” frente a “demanda falsa”.

Estamos ante un problema de asignación de capacidad escasa bajo información imperfecta.

Eso es bastante más interesante.

Australia acaba de mostrar la otra cara del problema

Mientras Estados Unidos intenta limpiar sus colas, en Australia algunos desarrolladores estudian cómo evitar la cola por completo.

El Northern Territory está siendo promocionado como ubicación para centros de datos capaces de generar electricidad cerca del propio campus utilizando recursos locales de gas.

La lógica resulta reveladora.

Si conseguir una conexión eléctrica puede requerir años, el acceso directo a generación se convierte en una ventaja competitiva.

Es otra señal de que la geografía de la IA puede terminar determinada menos por dónde existe demanda digital y más por dónde pueden conseguirse megavatios fiables con rapidez.

El centro de datos del futuro no busca únicamente fibra.

Busca energía.

Y cada vez está más dispuesto a ir a buscarla.

Ver también: Por qué Japón apuesta de nuevo por la energía nuclear.

Esto cambia también cómo deberían analizarse las empresas de infraestructura

El boom de IA ha provocado una expansión lógica de la narrativa inversora.

Primero fueron GPUs.

Después memoria y networking.

Después centros de datos.

Después utilities, generación, transformadores y refrigeración.

El mecanismo tiene sentido.

Pero la demanda fantasma introduce una pregunta adicional antes de extrapolar cualquier cartera de pedidos:

¿qué porcentaje de la demanda del cliente final está realmente comprometido?

No todas las compañías tienen la misma exposición.

Un fabricante que recibe una orden vinculante para entregar equipos en una instalación en construcción tiene una señal mucho más fuerte que una utility incorporando solicitudes preliminares a una previsión de carga para 2035.

También importa quién asume el riesgo.

Si el centro de datos financia la infraestructura necesaria y firma compromisos de largo plazo, el riesgo económico queda mucho más cerca del causante de la demanda.

Si una utility construye anticipadamente esperando que aparezcan decenas de gigavatios, el riesgo puede desplazarse hacia su balance o hacia los consumidores.

Dos historias aparentemente idénticas sobre “demanda eléctrica de IA” pueden tener perfiles financieros completamente distintos.

La infraestructura de IA está produciendo cifras cada vez más grandes y señales cada vez más difíciles de interpretar. En Telegram seguimos los datos que realmente cambian la tesis.

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Y entonces aparece la gran pregunta sobre los 31,6 billones

PwC estima que la infraestructura mundial de centros de datos podría requerir unos 31,6 billones de dólares de inversión acumulada entre 2026 y 2050 en su escenario central.

Es una cifra extraordinaria.

Pero es un escenario, no una factura ya firmada.

La distinción es esencial.

El error más fácil durante cualquier boom de inversión consiste en transformar una necesidad económica potencial en ingresos garantizados para todos los participantes.

No funciona así.

Habrá proyectos que no se construyan.

Otros cambiarán de ubicación.

Algunas tecnologías consumirán menos energía por unidad de cómputo.

Otras harán económicamente viable consumir muchísimo más.

Aparecerán ganadores.

También aparecerá sobrecapacidad en lugares equivocados.

La infraestructura puede ser una excelente tesis estructural y producir malas inversiones simultáneamente.

La historia económica no suele tener la cortesía de elegir solo una de las dos.

La señal que merece la pena vigilar ya no son los gigavatios anunciados

Durante los próximos años veremos cifras cada vez más extraordinarias.

10 GW.

50 GW.

100 GW.

Billones de dólares.

Países enteros convertidos aparentemente en una gran sala de servidores.

Conviene desarrollar cierta inmunidad.

La pregunta útil no es cuántos gigavatios aparecen en una nota de prensa.

Es:

¿cuántos tienen energía asegurada, financiación, terreno, cliente y una fecha creíble de puesta en marcha?

Esa información permite separar narrativa de capacidad.

También ayuda a entender por qué Texas ha decidido auditar sus centros de datos antes de seguir conectándolos.

474 GW pueden ser una señal extraordinariamente alcista sobre el deseo de construir infraestructura de IA.

No significa que Texas vaya a consumir 474 GW adicionales.

Las dos frases pueden ser ciertas.

Y aprender a mantenerlas simultáneamente en la cabeza será bastante importante durante la siguiente fase del boom.

Porque el gran cuello de botella de la IA puede no ser simplemente conseguir electricidad.

Puede ser descubrir quién la necesita de verdad.

Fuentes y metodología

Este análisis utiliza documentación oficial del operador eléctrico ERCOT y de la Oficina del Gobernador de Texas, datos y escenarios de la Agencia Internacional de la Energía, investigación sobre planificación eléctrica y cobertura independiente de los procesos de conexión de grandes cargas.

Se distingue deliberadamente entre solicitudes de conexión, proyectos cualificados, potencia contratada y capacidad realmente energizada. Las colas de interconexión no se utilizan como previsión directa de consumo futuro.

Las proyecciones de consumo eléctrico y capex mencionadas son escenarios sujetos a cambios en adopción de IA, eficiencia informática, disponibilidad energética, financiación, regulación y ejecución de proyectos.

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